Editorial: «Cuero» solo es cuero

| 16 abril, 2018 | Comentario

La protección del término «cuero» se ha convertido en los últimos meses en una tarea inexcusable para el sector. Garantizar el uso adecuado de la palabra «cuero» para denominar a los artículos confeccionados con piel curtida es una aspiración largamente reivindicada por la industria de la curtición y que se remonta en el tiempo hasta donde nos alcanza la memoria; sin embargo, en los últimos días, esta demanda ha cobrado una mayor relevancia debido a la proliferación de etiquetas confusas y malintencionadas al estilo de «cuero vegano», «ecopiel», «cuero ecológico», «textil-cuero», «cuero vegetal», «cuero falso», «piel ética», etcétera.

El reciente caso de Flyleather, el nuevo material de Nike confeccionado en parte con virutas de cuero, ha colmado la paciencia de las instituciones internacionales que representan al sector de la piel. Tanto la europea Cotance como la mundial GLCC han remitido sendas protestas a los responsables de Nike por, entre otros asuntos, utilizar de manera equívoca el término «cuero» para referirse a su nuevo material. Flyleather, una mezcla de fibras sintéticas y recortes reciclados de cuero, no puede denominarse de ninguna manera «cuero». Existen numerosas normativas internacionales que regulan el uso de esta palabra, y en todas ellas se especifica que un material solo puede ser considerado cuero si su origen es únicamente animal. Es decir, no vale con que contenga un porcentaje mayor o menor de piel animal curtida, sino que tiene que ser producido exclusivamente con piel animal curtida.

Desde 1994 en la Unión Europea rige la norma CEN EN 15987 sobre el etiquetado del calzado. En ella se indica que «el término “cuero”, en cualquier idioma, y los derivados de él o sinónimos, se reservan exclusivamente para el producto según se define en 4.1.1»

Algunos ejemplos de leyes que censuran la utilización fraudulenta de la palabra «cuero» los encontramos en Europa y en Brasil. No son los únicos, pero sí a los que comúnmente se recurre para explicar la confusión terminológica existente en torno al cuero. De esta manera, desde 1994 en la Unión Europea rige la norma CEN EN 15987 sobre el etiquetado del calzado. En ella se indica que «el término “cuero”, en cualquier idioma, y los derivados de él o sinónimos, se reservan exclusivamente para el producto según se define en 4.1.1». En este artículo 4.1.1 se define «cuero» como «estructura fibrosa original más o menos intacta, curtida para ser imputrescible»; además se detalla que «si la piel curtida ha sido desintegrada mecánica o químicamente en partículas fibrosas, piezas pequeñas o polvos, y luego, con o sin la combinación de un agente aglutinante, se hace en hojas u otras formas, tales hojas o formas no son de cuero». Esta norma es muy parecida a la ley brasileña 4.888/65, con la diferencia de que en el país carioca han conseguido hacer efectiva la protección del término «cuero», no como en la Unión Europea. Gracias a la aplicación de esta ley, se ha conseguido retirar de las tiendas brasileñas miles de artículos mal etiquetados en los que se usaba equivocadamente la palabra cuero. En Europa esta vigilancia de la terminología en los mismos establecimientos minoristas todavía no es posible, a pesar de las reiteradas quejas por parte de Cotance animando a las instituciones comunitarias a que armonicen en todos los países de la Unión Europea sus normativas y que observen su cumplimiento con diligencia.
Este asunto en torno al etiquetado no es baladí. La confusión o directamente el engaño intencionado socava la imagen de la industria del cuero, además de suponer una estafa al consumidor. Es urgente que dejemos de una vez por todas de hablar de este tema, pero no por agotamiento o desidia, sino porque se haya conseguido que finalmente las demandas del sector hayan sido escuchadas por las autoridades competentes y, de una vez por todas, llamemos cuero solo a lo que legítimamente lo es: el cuero.

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Categoría: Reportajes

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