Proyecto para restaurar una antigua curtiduría en Pompeya

| 7 noviembre, 2018 | Comentario

A principios de 2008 la asociación italiana del cuero UNIC y la feria de curtidos Lineapelle pusieron en marcha un proyecto para restaurar un antiguo complejo curtidor desenterrado en Pompeya. En febrero de este año el proyecto entró en su segunda fase y ahora se pretende habilitar para que pueda ser accesible a los visitantes, además de levantar un museo abierto al público que explique cómo era la actividad curtidora de pieles en la Antigua Roma, en torno al primer siglo de la era cristiana.

Para llevar a cabo esta fase del proyecto, UNIC y Lineapelle han inscrito la restauración de la curtiduría de Pompeya en el concurso Mecenas del siglo XXI.  A través de estos premios, numerosas empresas privadas aportan los fondos necesarios para financiar iniciativas culturales en todo el mundo. El proyecto que reciba más apoyos en la página web del concurso  será patrocinado por estos mecenas. El fallo del concurso se conocerá el próximo 28 de noviembre en la sede del Parlamento Europeo en Bruselas (Bélgica).

La curtición hace 21 siglos
La curtiduría de Pompeya, descubierta en 1873 cerca de Porta Stabia en el distrito teatral, consta de numerosas estancias, entre las que se distinguen el hogar de administrador y distintas habitaciones de trabajo. En el complejo se han encontrado 15 tanques circulares de mampostería, con un orificio de carga y otro de descarga. 12 de ellos se usaron para la curtición vegetal de grandes pieles y los otros tres para el alumbre de cueros pequeños. Debajo del pórtico central se encontraba la primera fase de producción, que consistía en el desuelle del animal para luego sumergir las pieles en las cubas. Una vez aquí, se trataban con taninos. En el nivel superior de la primera habitación, se cree que había un estante de secado donde las pieles se extendían para secarse. En la parte posterior del patio hay un triclinio con una mesa central antes decorada con un famoso mosaico, ahora en el Museo Arqueológico de Nápoles, que representa un cráneo con los instrumentos de trabajo del curtidor, alegoría de la transitoriedad de la vida y el acecho de la muerte. Estos restos, junto con una gran cantidad de herramientas, que también se encuentran actualmente en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles, revelan un sofisticado nivel de producción de cueros e infraestructura de alta calidad, una manera de trabajar la piel que permaneció casi inalterada durante los dos milenios posteriores, hasta que se dio el salto a la industrialización de las curtidurías y se introdujeron las máquinas, el cromo y la energía eléctrica.

 

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